La negociación no termina en el momento de firmar el acuerdo o estrechar la mano. El séptimo principio fundamental es planificar y ejecutar el seguimiento posterior al acuerdo. Esta etapa consiste en asegurar que lo pactado se cumpla y en cuidar la relación entre las partes a largo plazo. Un dicho popular en negocios reza: “Un mal acuerdo firmado es el inicio de un nuevo conflicto”. Para evitar eso, hay que prestar atención a lo que viene después de la negociación.
En primer lugar, el seguimiento implica poner en práctica los compromisos adquiridos. Roger Fisher y William Ury hablan de la importancia de la “fase de implementación” del acuerdo, donde la confianza se consolida o quiebra según si cada parte hace su parte. Cumplir con las promesas en tiempo y forma es crucial para mantener la credibilidad. Por ejemplo, si se acordó un pago, realizarlo puntualmente; si una empresa prometió cierto estándar de calidad, vigilar que el producto o servicio entregado lo alcance. Un acuerdo no vale nada en el papel si no se ejecuta en la realidad.
En segundo lugar, el seguimiento se trata de gestionar la relación. Según expertos en negociación, el cierre marca el comienzo de una nueva relación entre las partes. Especialmente en negociaciones de negocios o laborales, tras el acuerdo las partes seguirán interactuando. Un seguimiento proactivo puede incluir: enviar una nota de agradecimiento por la buena fe durante la negociación, reconociendo el esfuerzo de la otra parte; mantener comunicación periódica para monitorear la implementación y resolver a tiempo cualquier pequeña diferencia; e incluso buscar retroalimentación – “¿Quedó satisfecho con cómo resultó todo? ¿Hay algo que podamos mejorar?”. Estas acciones demuestran compromiso y refuerzan la confianza mutua.
Cabe destacar que un mal seguimiento puede echar a perder incluso el mejor acuerdo. Si una parte incumple o desaparece tras la firma, la otra sentirá frustración o engaño, erosionando la relación e incluso derivando en nuevos conflictos. Como advierte Escamilla, la permanencia de la nueva relación depende de honrar los compromisos, y un seguimiento deficiente puede conducir a rompimientos y negociaciones futuras más difíciles. En cambio, cuando ambas partes hacen buen seguimiento, no solo cumplen el acuerdo sino que fomentan una relación de largo plazo basada en la confianza. Esto puede abrir la puerta a futuras colaboraciones o a resolver conjuntamente problemas inesperados.
Ejemplo práctico: Una vez finalizada la negociación entre un proveedor y un cliente por un servicio, comienza el seguimiento. El proveedor envía al día siguiente un correo de agradecimiento al cliente, expresando entusiasmo por la colaboración y resumiendo los próximos pasos acordados (por ejemplo, fechas de entrega, personas de contacto). A lo largo de los meses siguientes, el proveedor cumple con cada hito según lo pactado y informa proactivamente del progreso. El cliente, por su parte, realiza los pagos en las fechas acordadas sin retrasos. Además, ambos mantienen reuniones de seguimiento mensuales para verificar satisfacción: el proveedor pregunta si el cliente está contento con el servicio y ofrece ajustar cualquier detalle si es necesario. Gracias a este seguimiento cercano, la implementación del acuerdo transcurre sin sobresaltos. Más aún, se fortalece la relación: el cliente valora la responsabilidad y comunicación del proveedor, y está dispuesto a considerarlo para futuros proyectos. En resumen, el buen seguimiento convierte un acuerdo puntual en una alianza de confianza duradera.